Os tengo que confesar una cosa: nunca me ha gustado aprender cosas de memoria. Y, por ello, os podéis imaginar lo bien que me lo pasé en su día memorizando la tabla periódica, entre otras muchas cosas. No obstante, reconozco que en ciertos casos la memoria es muy útil y un ejemplo de ello es cuando llega la hora de estudiar los phrasal verbs (de momento no he conocido a ningún español al que le gusten. Si me estás leyendo, eres español o tu lengua materna es la española, me da igual, y te parece entretenido, ¡manifiéstate!). Ahora bien, hay otros temas, como puede ser el estudio de la literatura española del Siglo de Oro, en los que es probable que recites el contenido memorizado cual papagayo en un examen y, al salir de él, te olvides de casi todo.

   Por cierto, si os han enseñado así literatura (como a mí en el instituto y en ciertas asignaturas de la carrera), creedme que hay otras formas bastante más eficaces de aprender materias como la literatura o como la biología, por decir algunas.

   Vale, ¿y se puede saber por qué nos cuentas esto, Belén? ¡A mí que me importa! Perdona que te diga pero te importa y mucho. Sigue leyendo y deja de quejarte, anda.

   Bueno, el asunto es que yo no podía creerme que algunos profesores valorasen tanto la memoria. Esto posiblemente te llevaba a sacar una buena nota en el examen pero, ¿y dónde se queda el razonamiento, queridos míos? Pues no lo sé, pero lo que está claro es que a muchos de ellos no les importaba. Aunque, a decir verdad y para ser justos, he tenido la suerte de conocer a muchos otros profesores cuya vocación docente era impresionante y con los que disfrutaba un montón aprendiendo. Porque sí, lo que se consigue cuando no se emplea solo la memoria en el aula es… ¡aprender!

   Total, que, entre unas cosas y otras, en un momento dado de mi vida apareció Gardner y dije: «¡ay! ¡Lo que tanto había buscado!». A ver, ¿y quién este señor? A continuación, os lo presento 😀 Estará encantado de que le conozcáis. La verdad es que yo no tengo el gusto de conocerlo en persona (aún, quién sabe si podré…) pero lo vi en unos apuntes, me interesé por él, leí aún más sobre él y aquí me tenéis descubriéndooslo a vosotros.

HOWARD GARDNER

   El caso es que este buen hombre es un psicólogo estadounidense. Gardner se dio cuenta de esto que os estoy exponiendo, es decir, que por qué la memoria era tan importante, que si no había nada más que memoria para comprobar la inteligencia de una persona. Bueno, quizás lo dijo con palabras más técnicas, pero nos hemos entendido perfectamente. Por eso, en los años 90 (os prometo que en algún año de esa década yo empecé a estar en proyecto para venir a este mundo) propuso la Teoría de las Inteligencias Múltiples.

   Anteriormente, se defendía una inteligencia única, sin embargo, Gardner encontró que en función de la vida que llevaba cada ser humano, había diferentes tipos de inteligencia y cada uno de ellos se desarrollaría en mayor o menor medida según las circunstancias a las que ese ser humano hubiese de enfrentarse para su desarrollo personal, laboral…

   Veamos: en la inteligencia hay un componente genético que Gardner no niega, si bien es cierto que existen otros componentes como son el cultural, el ambiental… Lo cual hace sospechar que teniendo más componentes que influyen en el desarrollo de nuestro potencial cognitivo, lo más seguro es que podamos desarrollar más de una inteligencia. ¿Qué os parece? El tipo decía cosas con sentido, ¿eh?

   Por tanto, en función de nuestras habilidades, talento innato y de las circunstancias en las que nos encontremos a lo largo de nuestra vida podremos potenciar y mejorar unas inteligencias frente a otras. ¿Entendéis por qué entrando tantos factores en juego es imposible que solo la inteligencia se mida según la mejor o peor capacidad de memorización que tenga una persona?

   IMPORTANTE: que la teoría de nuestro friend Gardner no contradice lo que significa el concepto de inteligencia. Esperad, que lo defino: la inteligencia es una facultad o capacidad de nuestra mente gracias a la cual conseguimos unos objetivos, por ejemplo, comprender que la Lingüística es una ciencia (¿lo recordáis, verdad?), razonar un problema matemático, orientarnos en una ciudad (incluso sin Google Maps, porque hay personas que son capaces de ello. ¿No os parece fascinante?), dar una conferencia, liderar a un equipo…

Mmmm… ¿y cuáles son las inteligencias múltiples que propone Gardner? ¡Leed la publicación de mañana y así lo descubrís! 😉

B. Riesco – En Español ©

 

Un comentario sobre “GARDNER Y SU TEORÍA (I)

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