En determinados periodos tenemos un pensamiento recurrente. Este pensamiento va a concentrar cada vez más nuestra atención. ¿Qué a qué me refiero? Bien, imaginemos una situación que refleje lo que os he contado. Durante un par de semanas, las cuales han coincidido con el inicio del verano, en tu mente se han sucedido ideas que tenían que ver con las insolaciones. A continuación, has empezado a ser receptor de diversas noticias que versan sobre casos de personas afectadas por los golpes de calor. En ese momento pensarás: “¡pero cuántas insolaciones hay este verano1”. Quizás hay el mismo número de casos de insolación que otros veranos, incluso menos, pero como tu atención se está concentrando en todo lo relacionado con las “insolaciones”, te parece que prácticamente el único caso que se atiende en urgencias son las insolaciones. ¿Alguna vez te ha ocurrido algo similar? ¡A mí sí!

La “zona de confort” era un grupo de palabras que, durante un tiempo, resonaba con mucha fuerza en mí. Por ello, leí bastante sobre el tema, escuché algunos podcasts y vi algunos vídeos en la plataforma YouTube. Después llegué a la conclusión de cómo yo entendía la zona de confort y puedo escribirlo de la siguiente manera: “la zona de confort es el espacio que te rodea y en el que te desenvuelves habitualmente. Este espacio ya lo conoces perfectamente y estás bien adaptado, con muy poquita incomodidad. En él te encuentras tranquilo y no te parece que tengas que enfrentarte a retos”. Tras leer mi definición, quizás alguien piensa que es su “estado ideal”. En cambio, el mío no.

Creo firmemente que la vida es movimiento y evolución. La vida son retos y alcanzar los objetivos que te propones en un momento determinado. ¡ojo! Esto no significa que esos objetivos sean inamovibles. Pueden cambiar, de hecho, sucede y es totalmente aceptable. Por otra parte, considero que si durante mucho tiempo una persona permanece en su “zona de confort”, esa persona puede estar desperdiciando muchos momentos para evolucionar, para aprender, para expandirse, para profundizar en su ser.

Nadie puede negar que salir de esa zona de confort es difícil, asusta, es desconocida. Precisamente por eso merece la pena. Por supuesto, no te digo que te lances al vacío sin más, hay que sopesar ciertas cuestiones, de acuerdo. Ahora bien, tras hacer el balance descubres que sí deseas salir de esa zona de confort, aunque te da miedo y no sabes qué sucederá después. Desde mi punto de vista, si eso te ha pasado, no creo que haya mejor señal para lanzarse a esa nueva realidad que te está esperando. En cualquier caso, confía en el proceso y aprende lo máximo posible.

¡Saludos! Si te ha gustado, recuerda pinchar en la estrellita que aparece al final de esta publicación. Y si quieres compartir, ¡sería estupendo! ¡Gracias por dedicar unos minutos a la lectura de este espacio!

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Correo electrónico: belenriescospain@gmail.com

Twitter: @belen_ri_

Letras en español – Belén Riesco©

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